El sólo hecho de concentrarse en una palabra o en una acción es meditar.
Es cierto que la concentración es una parte de la meditación, sin embargo, la meditación es mucho más que eso. Existen dos tipos de diferencias entre la concentración y la meditación, tanto en la técnica como en su meta. En la meditación, el proceso de formar una idea o significado a partir de la técnica es de suma importancia. Un antiguo dicho de la tradición del yoga dice: “As you think, so you become”. Concentrarse en la palabra “uno”, focalizar los pensamientos en la llama de una vela o sumergirse en la práctica de cualquier actividad no puede llevarnos hacia nuestro verdadero “yo”. Seguramente estas técnicas son útiles para el desarrollo de la mente, pero la meditación también colabora con el desarrollo espiritual. En la meditación se busca continuar el desarrollo personal para lograr ser completamente consciente del más alto potencial del ser humano. La verdadera meditación no acepta límites en la concepción de nuestro Ser. Conduce hacia el Infinito, que en definitiva, está más allá de la técnica.
La meditación es un proceso para lograr la relajación y la paz interior.
Si bien los ejercicios de relajación son beneficiosos para practicar la meditación, son sólo su punto de partida. Lograr la paz interior es sólo uno de los numerosos beneficios de la meditación. La meditación permite llegar a un profundo estado de conciencia, en el sentido amplio de la palabra. Algunas veces ese estado de conciencia es doloroso y perturbador. La meditación puede conducir hacia los espacios conflictivos de la mente. En ese momento se puede llegar a sentir que se ha perdido el sentido de la meditación; sin embargo, si esos conflictos son comprendidos apropiadamente pueden ser de gran ayuda para el desarrollo personal. En definitiva, todo lo que esté dentro de cada uno deberá ser aceptado en algún momento. El hecho de aceptarse tal cual uno es, es el primer paso hacia la transformación de si mismo. Luego, se podrá escarbar hacia capas más profundas de la mente. Es cierto que uno de los fines últimos de la meditación es lograr ese maravilloso estado de verdadera paz interior y también es cierto que a ella se llega con disciplina y constancia. Lo que se debe recordar es que la meditación, al llevar a un estado de conciencia superior también abre espacio al dolor que existe tanto en el interior de cada persona como a aquel del mundo que la rodea. Ésta es la razón por la que la meditación ayuda al desarrollo de la compasión.
No se puede meditar porque la mente es muy inestable, no se logra tener comodidad al sentarse por mucho tiempo, el entorno es ruidoso, hay poco tiempo disponible, o no se cuenta con la suficiente disciplina.
Éstas son sólo cinco de las excusas más comunes que tiene la gente para decidir no meditar. Todos, aún quienes meditan regularmente tienen razones para no meditar, aún así, millones de personas meditan con regularidad. Para meditar hay que empezar por aceptar que es necesario hacer un esfuerzo, más aún si se tiene en cuenta que la meditación lleva a descubrir varias facetas escondidas de nuestro ser. Lo adecuado es asumir los obstáculos como retos; sobrellevarlos y trabajarlos desarrolla la voluntad y la fortaleza interior. De esta manera se aprende y se crece.
La meditación pertenece a un mundo extraño, esotérico y no se puede entender cientìficamente.
La meditación se practica desde hace miles de años en el mundo entero. So bien los lazos de la meditación son más fuertes y evidentes con algunas culturas, su práctica está ligada a todas y cada una de las tradiciones espirituales. A pesar del velo místico que rodea a la meditación, cualquier persona es capaz de aprender a practicar la meditación. Al igual que con cualquier actividad que se desee aprender, la meditación requiere de una enseñanza de base sólida -que logre trasmitir los conocimientos de una técnica que ha ido desarrollándose por más de 7000 años- y una práctica regular. Quizás existan tantas técnicas de meditación como meditadores ya que se trata de una ciencia intuitiva con la que cada uno logra explorarse a sí mismo. La meditación es una práctica en la que nada está librado al azar y que desde hace miles de años contribuye a encontrar y entender aspectos de la realidad y del universo que recién ahora están siendo estudiados por las ciencias llamadas formales. En lugar de ubicar la meditación fuera de la ciencia es necesario reformular el sentido que le hemos dado a la ciencia en Occidente.
La meditación es una forma de evasión que aisla a las personas de sus necesidades y de las personas que las rodean.
La meditación, siempre que sea enseñada correctamente, ayuda al practicante a estar cada vez más involucrado con el mundo que lo rodea. Una de las metas que se busca con la meditación es experimentar ser parte de la creación. Cuando se escarba en las profundidades del verdadero ser, se esclarecen los vínculos que unen todos los seres. Esta revelación devela la compasión, el amor por el prójimo y un fuerte deseo de justicia para el mundo. La meditación presenta nuevas perspectivas a partir de las cuales medir la vida cotidiana y brinda el equilibrio mental necesario para guiar los actos de una persona abriéndole nuevos caminos para una percepción más completa del mundo que lo rodea.
La meditación es solamente un ejercicio mental.
Es cierto que la meditación comienza en la mente; sin embargo, su meta última está en el corazón, allí donde se siente el amor por toda la creación. La meditación se ha denominado como la práctica de la familia universal ya que al escarbar en las capas más profundas de la mente se descubre que las diferencias se desvanecen. Es por ello que muchos de los senderos que se recorren con la meditación se acompañan de cantos, danzas espirituales y música, con los que se busca compartir con el prójimo y formar parte de un todo. Esto lleva a desarrollar una mente abierta y un corazón abierto que se complementan.
Aprender a meditar es demasiado complejo.
La meditación puede comenzar a practicarse mediante técnicas sorprendentemente simples. Lo único que puede demandar más tiempo y esfuerzo es desarrollar el hábito de una práctica regular y frecuente. La paradoja de la meditación reside en que las enseñanzas de base se pueden aprender en unos cuantos minutos, sin embargo, descubrir la sabiduría oculta detrás esas enseñanzas puede lleva toda una vida. Afortunadamente, no es práctica que requiera que las personas se aislen, el apoyo y compañerismo de los otros practicantes que siguen este camino siempre estará disponible.
Si la meditación es una práctica tan profunda se puede perder el sentido de uno mismo.
Cuando se medita no se pierde el sentido de uno mismo, contrariamente, la meditación lleva a profundizar y a expandir ese sentido. Se exploran partes del ser que de otra manera no se conocerían; además, con la meditación se experimenta el sentido de la conexión con los demás.
La meditación no se opone a las creencias y prácticas religiosas.
Uno de los objetivos de la meditación es brindar a cada individuo una experiencia de la espiritualidad, ésta no se contrapone con la espiritualidad de ninguna de las diferentes religiones. Más aún, la meditación permite un mayor acercamiento a la esencia de las creencias de cualquier religión.
Con la meditación se consigue fácilmente la felicidad absoluta.
Muchos meditadores se desmotivan porque no experimentan la felicidad en un corto lapso de tiempo. Si bien hay personas que en poco tiempo tienen experiencias maravillosas, la gran mayoría debe practicar la meditación por meses e incluso años para obtener altos grados de conciencia. Usualmente los cambios que produce la meditación son sutiles, de manera que las personas pueden no percibirlos en su totalidad. La meditación es un proceso pausado con el que se afianza y desarrolla el crecimiento interior y el conocimiento. Los cambios ocurren internamente, donde usualmente las personas no llegan a observase. El tiempo en el que se dan los cambios y lo evidente que éstos puedan ser depende exclusivamente de cada persona. En Occidente se ha valorado lo externo sobre lo interno de las personas, lo que hace que los beneficios de la meditación demoren más tiempo en ser percibidos. En sánscrito a la meditación se la llama Sadhana, lo que significa: el esfuerzo por lograr la integridad personal, el esfuerzo para ser un todo. Lo importante en la práctica de la meditación es la sinceridad y el esfuerzo con el que se la realiza.
Textos proporcionados por la profesora Lili (Ananda Surainjana) del Centro de Yoga Om Madhu
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